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Mujeres. Aquae eran designadas las estaciones termales en época romana.

Exceptuando la niebla, parecía controlarlo todo. Y sin embargo estaba furioso. Así observa V.Woolf al que defiende con tanta vehemencia su discurso que deja entrever la fragilidad del mismo. El control imaginario que teníamos de nuestras vidas se diluyó un mes de Marzo y la furia de ese control embustero se convirtió en un miedo desgarrador, como el miedo de las mujeres de Dulce Chacón, que compartían la costumbre de hablar en voz baja; el de quien descubre de repente que estamos aquí de paso o el de quien sabe que no puede ir a casa de su familia ni siquiera en caso de enfermedad, precisamente ese sería el principal motivo para impedirlo.

La incertidumbre nos acompaña, como las manos de una madre, aunque no las veas. Mulieres.

Olvidadas, ilustres o desconocidas, quién mejor que nosotras para hablar de nosotras, que dijo C. Alborch. Contemporáneas que están en la brecha, actrices, empresarias, científicas, deportistas, profesoras, amas de casa, cuidadoras, enfermeras… que los logros sean grandes y la empatía plena, pues celebrar los logros de otra mujer es formar parte de ellos.

La mujer marca el camino desde época romana en Alange, ya que en sus aguas tiene curación Varinia Serena y el agradecimiento a la diosa Juno es un templo en forma de balneario. Veinte siglos después se homenajea el agua con otro monumento, una fuente, con dos mujeres de bronce con sendos cántaros. Mulieres en la historia.

Condesas de Campo Alange, como Agustina de la Torre (I condesa de Campo Alange, s.XVIII) o María Laffitte (nueve generaciones después), han dejado una amplia bibliografía bajo el título nobiliario condado de Campo de Alange. Amantes de la lectura, escritura y defensoras de la mujer. Mulieres y cultura.

En Alange (1933) se nombró la primera mujer alcaldesa de España, siendo ese el primer año en el que las mujeres ejercían su derecho al voto en el país. Julia Mayoral Márquez, pionera y maestra. Mulieres y política.

…que los logros sean grandes y la empatía plena, pues celebrar los logros de otra mujer es formar parte de ellos.

Diligente, la señora Juana, cuidaba la ermita de la patrona, la Virgen Milagrosa. Desde esa casita chica y encalada al pie del santuario, amable y disponible, velaba por las plantas, por el patio y por las gentes. Ese lugar sencillo lleno de historia, de rezos y de esperanza, que se encuentra al final de un callejón sin salida. Un símil de muchas vidas. Mulieres que cuidan.

Hay valientes que abren puertas para darnos paso a las demás y luego están las que tienen la osadía de arrancarlas. Esas hacen camino. Hace unos cien años, algunas mujeres, entre ellas Sinforosa Benítez, hicieron lo propio con las rejas que impedían el paso al lavadero, lugar de encuentro y necesario uso. Solo se pierden los derechos que se dan por perdidos. Mulieres valientes.

Hasta Víctor Hugo, desea que sus protagonistas nazcan en este pueblo “De doña Padilla de Flor, era de Alanje, donde se amontonan los cerros y matorrales” (La leyenda de la monja). Mulieres de leyendas.

La incertidumbre nos acompaña, como las manos que no dudaron en coser escudos para sus vecinos en ese mes de Marzo, en dar lo propio para el ajeno, en colaborar invisibles y remangarse con decisión, cuando el miedo se clavaba como alfileres en las gargantas. Madres, hijas, abuelas, hermanas, vecinas, amigas… Manos que cuidan, que luchan, que hacen política, transgresoras, tenaces, que tapan rotos insalvables y que no necesitan de ninguna literatura para tener un lugar de prestigio en nuestra memoria.

La memoria también es femenina, no puede ser débil. Mulieres.

M.J.Trinidad Ruiz