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Sándor Márai, natural de la antigua Eslovaquia, vivió en varios países europeos como Francia, Suiza e Italia, trasladándose en 1952 a Estados Unidos donde él mismo decidió cual sería su último día. Probó las mieles e hieles del éxito y veto de sus trabajos, se nutrió de los horrores de una guerra y dictadura, y tuvo una naturaleza rebelde y luchadora que para nuestra fortuna le llevó a usar su mente y sus manos como alambique, transformando sus experiencias en grandes obras literarias.

Que las historias pueden tener varios enfoques y todos ellos verdaderos, podemos verlo en hechos históricos, pues cada historiador fundamenta de distinta manera su teoría, dependiendo del tipo de información que use, la época en la que se encuentra, las creencias de la misma, y lo que él quiere expresar, adaptándose a su forma de pensar y ver el mundo. El 6 y el 9 tienen la misma grafía, depende en qué lado estés, lo verás de una u otra forma.

Ésto es lo que sucede en “La mujer justa”, que tres personajes directamente relacionados nos narran a través de un monólogo su experiencia de vida que ha sido común en algunos años, de forma independiente y con el paso del tiempo como lupa sabia y protectora. Unos sentimientos aderezados de forma fuerte y peligrosa con pasión, amor, celos, hambre, miseria, pobreza, frustraciones, desconcierto, … c’est la vie.  Unas mentes abiertas, no coetáneas y despiertas, en constante alerta, con infinita infelicidad. “¿Qué es lo que buscan en la vida aquellos que ya lo tienen todo?” Esta frase la decía Malaka en la película de “Nadie quiere la noche” y la tengo grabada en lo más hondo de mi persona, sin respuesta alguna desde que la oí. No me atrevo a mirarla,  por pudor y ella me asalta sobretodo durante la noche, cuando más frágil me encuentro.   Alcanzar la cima, nos diría Maslow,… más ¿cuál es el precio de tu cima querido? El desasosiego y la paz se encuentra en distintos escalones, según la persona, no según el nido donde nazca y crezca. Ese es el error. Los polluelos crecen buscando las cimas de sus padres, bienintencionados y errados. Marika, Péter y Judit, desarrollan su papel de forma disciplinada, su pose esperada, su camino a la insatisfacción persistente. El estado irreal de la perfección, no da cabida a errores ni marchas atrás, y nunca la conducción en una ciudad interesante, carece de estas maniobras.

El propio libro tienes varias visiones, pues todos nosotros tampoco nos encontramos en el mismo punto de la vida ni interiorizamos las emociones de la misma forma. Las pruebas recogidas para la narración de la historia nunca son las mismas si tu corazón no está en el mismo lugar, y aún así, habrá diferencias. Por tanto, circunstancialmente percibo “La mujer justa” como una historia triste aunque con el coraje de personas en busca de su libertad personal, sin saber hacia donde está el camino correcto. Tal vez esa libertad por la que Sándor Marái tanto luchó en contra del fascismo.  Una historia de orgullo y de felicidad farisea, que alberga una tristeza profunda, de las que se  agarra al alma y ahonda en tus propias miserias, haciendo los personajes tuyos y tu persona de ellos.

Hay párrafos que sientes que no pertenecen a la imaginación del escritor, sino que forman parte de sus vivencias, de la parte más sórdida de su memoria, de los posos aún no asentados en sus entrañas,… “Porque el olor del asedio de la ciudad no se desprendía fácilmente, no podías frotarlo hasta eliminarlo con un poco de jabón ¡El olor penetrante de las cloacas, los cadáveres, los sótanos, los vómitos, el aire viciado, la muchedumbre apretujada, tiritando con un sudor frío por el miedo a la muerte, los alimentos amontonados y revueltos unos con otros! Todo eso se quedaba metido en la piel. Y quien no tenía ese mal olor natural olía mal de otra forma, a agua de colonia barata… y ese otro olor artificial era aún peor, más nauseabundo que el mal olor natural”.

Y admitimos que en la infelicidad está nuestra curiosidad más interesada que en la flema quietud del bienestar, pues la dicha, otro sentimiento arroja al de enfrente volviéndolo tiñoso y amenazador. Siempre es mejor vestir la dicha de pena, ya que atempera la envidia.

” Ya, pero se va a morir” Javier Marías.

M.J.Trinidad Ruiz

http://www.trinidadruiz.com

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