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Las Casas del Turuñuelo, situadas en la comarca Vegas Altas del Guadiana (Badajoz), son un tesoro arqueológico de la civilización tartésica. Este sitio monumental, excavado desde 2014, ha revelado una estructura única de dos pisos y un impresionante patio, lleno de misterios y rituales antiguos, como una hecatombe animal -un sacrificio masivo de animales- sin precedentes. Cada descubrimiento añade una pieza al rompecabezas de una cultura fascinante y reescribe la historia, aunque este año, los Tartesos no estén en el temario de EBAU (guiño a dos muy buenas estudiantes que me lo han contado).

Abuela, háblame de Guareña. -Hace mucho tiempo, unos 2700 años…

En Guareña, donde se encuentra el yacimiento, éste no es solo un campo arqueológico: se ha transformado en un emblema y orgullo de este pueblo. Aquí, nació y creció Luis Chamizo, el poeta que plasmó en su obra el alma de esta tierra. A través de sus versos en castúo, Chamizo supo captar como nadie las raíces de nuestra cultura, el sentir de su gente y el vínculo con su historia.

En su obra más conocida, «El Miajón de los Castúos», Chamizo habló de la dureza y belleza de Extremadura, de una tierra que, al igual que las Casas del Turuñuelo, guarda secretos en cada rincón. Es ese mismo espíritu el que sigue vivo hoy entre los vecinos, que encuentran en este yacimiento un reflejo de su propia identidad. La fascinación por el pasado tartésico ha calado profundamente en el corazón de sus vecinos y suponen una fuente de inspiración en muchos ámbitos.

Las escuelas locales han integrado las Casas del Turuñuelo en su currículo, fomentando que los niños descubran y valoren su rica historia a través de actividades educativas. Los dulces locales han sido rebautizados como «Tartesitos», una deliciosa manera de degustar la historia, y las artes escénicas han encontrado una musa maravillosa: la magia del mundo de los Tartesos.

¿Qué sorpresa más habrá bajo esas tierras húmedas del Guadiana?

Con el paso de los años, El Turuñuelo sigue ofreciendo nuevos secretos. En 2023, el yacimiento se hizo más mediático que nunca al descubrir los rostros humanos que se colaron en todos los hogares y que son un hito histórico, al ser la primera representación humana del mundo tartésico. De los cinco encontrados, las dos figuras femeninas casi completas, adornadas con pendientes típicos de la orfebrería tartésica, sugieren que podrían ser divinidades o personajes destacados de la sociedad. Esta interpretación rompe con la idea de que solo utilizaban motivos animales o vegetales para simbolizar lo sagrado. Otros hallazgos, como un sarcófago, piezas griegas (como los piecitos, con los que los arqueólog@s sueñan con encontrar el resto de la escultura), objetos de cerámica en múltiples formas, cajas de marfil, una tablilla de pizarra con un alfabeto,…. y el edificio en sí, son algunos de los descubrimientos, en estudio y reconstrucción hallados en ese 20% del terreno explorado.

El porqué se decidió abandonar este edificio aún es un misterio, pero sí parece evidente que existía un fuerte deseo de conservar lo que allí se había acumulado a lo largo de los años, ya que al abandonarlo, cubrieron todo con tierra y llevaron a cabo un incendio que no era meramente destructivo, era una manera de sellar y preservar lo sagrado o importante para la posteridad, como si los tartésicos quisieran guardar sus secretos o proteger su legado de futuras generaciones o posibles invasores. Cabe destacar como protegieron con esmero las escaleras que bajan a la segunda planta, once peldaños que llevan al patio donde se sacrificaron cincuenta y dos caballos, cuatro cerdos, dos vacas y un perro.

Y mientras l@s arqueólog@s siguen desenterrando estos secretos, la ciudadanía vamos desenterrando una parte de nuestra identidad, de nuestras raíces más profundas. Porque el pasado está latente, a la espera de que alguien lo redescubra, de que alguien escuche las historias que aún resuenan en las ciudades, pueblos y campos en los que vivimos. Extremadura, jartita de parir descubridores no parece ser descubierta nunca del todo y quizás seamos el ejemplo vivo de El Alquimista, empeñado en buscar por todo el mundo el tesoro que resultó estar bajo su propia casa.

Porque semos asina, semos pardos,
del coló de la tierra,
los nietos de los machos que otros días
triunfaron en América.
(Luis Chamizo. Prólogo de su colección de poemas.)

M.J. Trinidad Ruiz

http://www.trinidadruiz.com

Enlace a CONSTRUYENDO TARTESO

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