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En la Antigua Roma, las fiestas lupercales, también conocidas como lupercalia, se celebraban con gran pompa y misterio cada año en la víspera del 15 de febrero. Estas festividades, cargadas de simbolismo y tradición, tenían profundos vínculos con la mitología romana y estaban dedicadas al dios Fauno, quien adoptó el sobrenombre de Luperco, y a la diosa Lucina, deidad de la fertilidad y el parto.
Un Rito Ancestral en Honor a los Fundadores de Roma
El origen de las lupercales se remonta a la leyenda de los gemelos Rómulo y Remo, los legendarios fundadores de Roma, quienes, según la tradición, fueron amamantados por una loba llamada Luperca en la gruta de Lupercal, situada en el monte Palatino. Esta antigua historia mitológica inspiró la celebración de las lupercales, que se llevaban a cabo en honor a los dioses y como un rito para asegurar la fertilidad de la tierra y las mujeres.
Los Lupercos: Sacerdotes de la Naturaleza
En estas festividades, un grupo selecto de sacerdotes, conocidos como Luperci o «amigos del lobo», desempeñaban un papel central. Estos jóvenes sacerdotes, vivían en comunión con la naturaleza y la caza, se reunían el 14 de febrero para inicial los rituales sagrados en la gruta de Lupercal en el monte Palatino, donde según la leyenda, la loba amamantó a Rómulo y Remo.
La ceremonia comenzaba con el sacrificio de una cabra en honor a Fauno y Lucina. Luego, un sacerdote marcaba la frente de los Luperci con la sangre del sacrificio y los purificaba con lana impregnada en leche de cabra. Acto seguido, los Luperci, desnudos, con una máscara de lobo y cubiertos con pieles de cabra, recorrían las calles azotando a las mujeres con tiras de piel, en un acto destinado a promover la fertilidad y la purificación.
La Controversia y Transformación de las Lupercales
Con el paso del tiempo, las lupercales se convirtieron en objeto de controversia y transformación. En el año 494 d.C., al papa Gelasio I no le hacía mucha gracia las mencionadas carreras y prohibió oficialmente las celebraciones paganas y buscó cristianizar la festividad, reemplazándola por la Fiesta de la Purificación de la Bendita Virgen María, celebrada el 2 de febrero. Otras fuentes afirman que las Lupercales sobrevivieron dando paso a festividades como San Valentín y el Carnaval.
Hoy en día, las lupercales siguen siendo un capítulo en la historia que evoca un tiempo de misterio y tradición en la Antigua Roma. Aunque hayan desaparecido de los calendarios festivos, su legado perdura en la memoria colectiva como un recordatorio de las antiguas creencias y prácticas de la civilización romana y sus rituales son la raíz de algunos que aún se llevan a cabo.
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M.J. Trinidad Ruiz
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